Desde mediados del siglo XIX, los ilustradores empiezan a colaborar con los perfumistas en la decoración de frascos, sobres y polveras perfumadas. La fuerza sugestiva de las imágenes ayudan a la marcas a posicionarse en el mercado. En esta época, aun no se hablaba de marketing, pero la publicidad, en forma de cartel con un nivel artístico irreprochable responde a los deseos colectivos de la época.